“Sapucay del 1º de Mayo”: protagonismo de Ate Corrientes en el nacimiento de la CTA

En noviembre de 1992, en CABA, se realizó el congreso fundacional del por entonces “Congreso de los Trabajadores Argentinos”, hoy la Central de Trabajadores de la Argentina (CTA).

A ese primer llamado a cambiar la historia del sindicalismo argentino, le siguió un segundo encuentro en abril de 1993 en Rosario y en mayo de 1993 el tercer encuentro fundacional denominado el “Sapucay del 1º de Mayo” con una concentración en la Ciudad de Corrientes organizado por ATE Corrientes, donde se denunció la complicidad de la CGT con las políticas de privatizaciones y ajuste que implementaba el presidente Carlos Menem.

Aunque la iniciativa de un grupo de sindicatos de irse de la histórica CGT para armar una nueva central había tomado forma en el bautizado “Grito de Burzaco” en diciembre de 1991. Gremios estatales, docentes, judiciales, aeronáuticos, metalúrgicos, de propaganda médica, obreros navales y otros se propusieron construir un sindicalismo autónomo de los partidos, los gobiernos y los patrones. 

Un reciente artículo publicado por la revista “El Trabajador del Estado” de abril de 2021 recupera parte de esta historia y el protagonismo de ATE Corrientes, a través de una carta escrita por SoledadCarrica que por aquellos años –cuando apenas tenía 11 años- participó de los congresos fundacionales de la CTA Nacional junto a sus padres Graciela Ríos y Héctor “Pelusa” Carrica, ambos de ATE Capital.

“Cuando hablaba el secretario general de ATE Corrientes, que se mandó un flor de discurso, se empezó a oír un aliento de alegría.

Después alguien se paró y dijo “allá está” y salió desesperado al medio, (luego) se asomó Pelusa y también salió despavorido, pero bueno, de repente se oye “Olé, olé, olé, Germán, Germán”, “Olé, olé, olé, Germán, Germán pero yo entendía “Olé, Olé, Olé, se va, se va”, de irse, y cada vez el aliento de alegría era más fuerte y con distintas canciones.

Cuando le pregunté a mamá qué pasaba me dijo que había venido un pibe que andaba en silla de ruedas y que estaba muy enfermo.

Todo el mundo estaba muy emocionado y lloraba y yo, por preguntar nada más, le pregunté por qué lloraban hasta me di cuenta de que era un pibe muy enfermo y arruinado y, sin embargo, se seguía rompiendo los huevos laburando y asistiendo (al acto) cuando hay gente más importante y sana que no asiste a ningún acto.

Y sin embargo él se rompe los huevos.

Me emocioné mucho yo también.

Su nombre es Germán Abdala y después la última palabra que él dijo (fue) “El cáncer no mata, la tristeza sí.

Pero él no va a morir por su enfermedad, va a morir cuando ya no tenga el afecto que tiene hoy, ayer y siempre. Fin”

Artículo publicado en “El Trabajador del Estado” de Abril de 2021